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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA LUCAS 15, 1-3, 11- 32 EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON SE BESAN

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA LUCAS 15, 1-3, 11- 32 EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON SE BESAN El perdón es expresión del Espíritu de Dios, que mora en el ser humano, esto es así, porque somos criaturas de la creación de Dios, y Dios ha colocado una norma en el corazón humano de entender lo que es bueno y lo malo. Dios es la máxima energía del perdón, es misericordia en acción, compasión para todos, especialmente para los más necesitados, realmente necesitados espiritualmente del amor de Dios. El arrepentimiento con el perdón se aman y celebran fiesta. El propósito de Dios es que somos de EL, pertenecemos, somos suyos y así también EL, es nuestro. Solamente hasta que seamos seres divinos o celestiales, nada ni nadie nos apartará, del amor divino, en esta vida lo que nos aparta de Dios es el pecado, descrito como desobediencia, que no hace la voluntad de Dios. El pecar es alejarnos de su presencia, es cuando hacemos todo lo que no es agradable ante los ojos de Dios, quien todo lo ve, y todo lo escucha. En el hogar celestial cuya dimensión es trascendental, se refiere aquí, y al más allá, significa a donde esta Dios, es la casa nuestra que nos espera. Nuestro padre que abre sus brazos, da bienvenida, no nos humilla, no reclama, no pega, no castiga y no nos arrodilla en maicillo o en arena para hacernos sufrir. Dios sabe y conoce al arrepentimiento sincero, no se le puede engañar. Cuando se regresa a EL, nos recibe, nos abraza, nos prepara banquete y fiesta de celebración, proclamando para todas y todos los hijos de Dios, que es la herencia grandiosa del padre, que reciben los hijos arrepentidos, y se describe como la gran fiesta del Reino de los cielos, en la cual; el arrepentimiento y el perdón se abrazan y mantienen unión eterna. Jesús se dirige a los pecadores, les ha buscado, está reunido con ellos, se han hecho amigos, les conoce, no solo las faltas cometidas, sino también, sabe las causas y motivos de sus errores o pecados. La orientación que habían recibido de los escribas y fariseos era sobre la ley del talión, es decir, ojo por ojo y diente por diente (Mateo 6,38). No tenían la educación del amor que comprende, que no se complace en el castigo, quiere más bien abrazar, dar alegría, felicidad, enviar en paz y amorosamente decir: “Vete en paz, no sigas pecando”. Jesús magistralmente los ilustra con el ejemplo de la oveja perdida, o explica sobre el pastor que es capaz de dejar 99 ovejas que tiene en seguridad y va en busca de una que se le ha perdido, la busca hasta encontrarla, viviendo una alegría inmensa. Este mensaje es poderoso, Dios nos busca, quiere encontrarnos, tiene como proyecto un plan principal, la búsqueda es para el regreso. Las dos acciones de Dios tratan de la búsqueda y espera. Venir a EL, regresar al hogar que pertenecemos: Es siempre a donde esta Dios, está esperando, siguiendo la ilustración, abunda para explicar la importancia de su mensaje específico, pone el arrepentimiento de un hijo que regresa a su casa, y un padre perdonador. Dios abraza, perdona bajo el conocimiento del arrepentimiento sincero, entrega el premio de la liberación plena que se encuentra en la expresión del amor de Dios. Al igual como el hijo prodigo, todos somos pródigos incluyendo al otro hijo, que siente celos por su hermano, exige a su padre preferencia. El padre de familia, llama a su otro hijo a la reconciliación, haciéndole ver, que ante el arrepentimiento la respuesta es el perdón, y esa es la verdad: “El arrepentimiento y el perdón se besan”. Obispo/ Medardo E. Gómez Iglesia Luterana Salvadoreña. Domingo 06 de marzo de 2016.

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