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SEXTO DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECION

SEXTO DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN. Juan 14, 15-21 EL AMOR GENUINO DEL MUNDO. El futuro siempre es incierto, no sabemos las cosas que nos esperan, no obstante nos hayamos preparado en el presente, y contemos con la experiencia del pasado, siempre nos vamos a preocupar por lo que nos va acontecer a nosotros mismos y muy especialmente por nuestros seres queridos. Es muy natural, los deseos de proyecciones para que a nuestros descendientes, todos aquellos a quienes queremos les vaya bien en la vida e incluso que vivan mejor, de lo que nosotros logramos, aún los malos que son conscientes de sus actos, no desean que sus hijos sean así igual que ellos, he conocido a delincuentes y a jóvenes pandilleros que con el deseo de un porvenir mejor para sus hijos han abandonado el delito, han cambiado por el amor de sus hijos e hijas. Similar al sentir de un padre de familia, es en especial el corazón de Jesús, expresa los deseos, buenas proyecciones del mañana a sus seguidores. Jesús sabe que sin su presencia la vida de los suyos no tiene razón ni sentido, no están preparados, ni podrán prepararse así mismo. Para llenar ese vacío, la única alternativa la ofrece Jesús dejar, entregar el espíritu santo, sus amores no deben quedar solos, solos es fácil perderse, caerse en el barranco o ser devorados por los lobos. Parte de su plan salvífico es, no dejarnos huérfanos, darnos el consuelo para que siempre este con nosotros, y sea cual un padre, ayudándonos en todas las circunstancias, nos defienda ante los problemas e injusticias, nos acompaña dando esperanza a pesar de las dificultades y fracasos, recibir seguridad ante las violencias, conformidad y orientación para hacerle frente al sufrimiento, pena y dolor. Es la ayuda grande, única y eficaz para enfrentar los problemas de la vida. La vida es dura, pero el paráclito, Espíritu Santo enseñará lo que tenemos que hacer, y dará la capacidad para luchar y así enfrentar las batallas de la vida. El Espíritu Santo no lo pueden ver todos, se necesita ser hijo/a de Dios, solo los que están capacitados pueden ver y sentir, por ejemplo un artista, un poeta, un especialista profesional en alguna ciencia, ven y conocen lo que los hombres y mujeres comunes, por la ignorancia no puede ver o conocer. Además de ser hijos/as de Dios, para ver y conocer, se necesita del elemento maravilloso que alimenta, da vida a toda la humanidad, esto es el AMOR, pero el amor humano es imperfecto, muchas veces lo presentamos como teoría, o emociones, palabras para lograr favores, decimos te amo, del diente al labio. Tan imperfecto es nuestro amor, que herimos y destrozamos el corazón de quienes nos aman; y a quienes supuestamente más queremos, todos sabemos que hay hijos/as que hacen sufrir a sus padres, se hacen sufrir los esposos, familiares y amigos. Nunca falta un esposo o compañero de vida que le pega a su esposa y le dice “Te pego porque te quiero”, nosotros mismos, nos hacemos daño, hacemos cosas, que demuestran no querernos, El amor auténtico no es fácil de cumplirlo, para demostrar amor debe de haber obediencia, sino obedecemos, haciendo la voluntad perfecta del otro no amamos. El amor por medio de la obediencia es la base de todo, Dios ama al hijo, El Hijo ama a Dios, Dios y Jesús nos aman, nosotros les amamos también, estamos unidos por el lazo del amor. Y la lógica es obedecer a Dios, entenderlo y conocerlo más, ¿cómo no le vamos a conocer si estamos y caminamos con Él hijo?, y así también, bajo un auténtico conocimiento, nuestro amor no será tan imperfecto, si el amor de Dios está con nosotros PORQUE EL AMOR GENUINO DEL MUNDO SOLO ES EL AMOR DE DIOS. Iglesia Luterana Salvadoreña. Obispo Medardo E. Gómez Domingo 25 de Mayo de 2014. 

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